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Asides

Tres tazas de té

Tres tazas de té” de Greg Mortenson y David Oliver Relin es un libro de lectura fácil y un optimismo contagioso. La primera impresión del libro, al tratarse de una historia verídica, puede ser displicente. Sin embargo, está muy bien escrito y cumple su función de entretener, recreando los paisajes a la perfección y utilizando una técnica retrospectiva, que mantiene alerta al lector. Pero lo realmente interesante es el mensaje social que se envía, no a través de mera propaganda, sino a través de acciones concretas. “Tres tazas de té” nos hace reflexionar sobre el valor de una promesa y la importancia de la educación para fomentar el pensamiento libre.

“Cuando tuvieron los boles de porcelana con té de manteca hirviendo y humeando en sus manos, Haji Ali empezó a hablar. “Si quieres prosperar en el Baltistán, debes respetar nuestras costumbres”, le dijo, soplando su bol. “La primera vez que compartes el té con un balti, eres un desconocido. La segunda vez que tomas el té, eres un invitado especial. Y la tercera vez que compartes una taza de té, pasas a ser parte de la familia, y por nuestra familia, estamos dispuestos a hacer lo que sea, hasta morir”, le explicó, estrechando cariñosamente la mano de Mortenson. “Doctor Greg, debes dedicar tiempo a compartir esas tres tazas de té. Es posible que seamos incultos, pero no somos tontos. Llevamos mucho tiempo viviendo y sobreviviendo aquí”.

David Oliver nos relata la increíble historia de Greg Mortenson, un alpinista americano que, tras un fallido ascenso al K2, acabó perdido por una de las zonas más desoladas del norte de Pakistán, el Baltistán. Completamente solo y desorientado, se encontró un poblado donde le dieron cobijo y cuidados. El tiempo que pasó ahí le salvó, tanto física como emocionalmente. La vida en la aldea le hizo partícipe de sus costumbres y necesidades, convirtiéndose en huésped de honor. De esta manera, al comprobar la falta de recursos para la educación de los niños, que realizaban sus tareas con un palo sobre la tierra, se propuso construirles una escuela.

Greg Mortenson decidió llevar a cabo su promesa y, aunque a su vuelta a los Estados Unidos no encontró el apoyo deseado, consiguió construir la escuela para la aldea. Pero ese no fue el fin, sino el principio de una campaña humanitaria para promover la escolarización de los niños y, sobre todo, de las niñas en las zonas de Pakistán y Afganistán, unas de las más pobres del mundo y donde se enfrentan a graves problemas como el fundamentalismo y el terrorismo. Para ello, Mortenson fundó el Central Asian Institute, dedicado a la creación de escuelas, contando ya con más de sesenta escuelas en la zona, de lo que se benefician más de 24.000 niños.

Gracias a Bloguzz hemos podido tener en nuestras manos esta increíble historia. La presentación nos llamó la atención, el libro venía en una mochila de tela y con unos lapiceros, símbolo de la mejor arma para luchar contra el terror: la educación.

Nos quedamos con una última reflexión, que deberíamos tener siempre presente, lo único que hace falta para cambiar el mundo es querer hacerlo.

Puedes leer el primer capítulo del libro desde Trestazasdete.com

Por M. Mediel

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