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Editorial

Un sueño compartido

No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo.
Oscar Wilde

Apuntaba ya hace unas décadas un tal Marx - Groucho, no Karl - lo mucho que la televisión había hecho por su cultura: “En cuanto alguien enciende la televisión, voy a la biblioteca y me leo un buen libro” se comenta que llegó a manifestar. Deseable como pudiera parecer, lo cierto es que la realidad nos demuestra, más bien al contrario, que en la actualidad la tendencia es bien distinta y que el transitar de los entretenimientos personales se desliza de las bibliotecas hacia unos salones adornados con mayúsculas - aunque anoréxicas - pantallas que, a pesar de ello, siguen respondiendo, con carácter general, a un minúsculo contenido didáctico/pedagógico/cultural. Ni siquiera el desesperado recurso a la idea un tanto elitista expresada por Juan Benet de que la calidad literaria es inversamente proporcional al número de lectores nos puede servir de refugio en pos de un mínimo alivio frente a la preocupación por esa huida de lo escrito hacia lo emitido, pues aun cuando aquello pudiera llegar a ser cierto, no nos quedaría sino aplaudir ese constante progreso hacia la sublimación de una calidad literaria cada vez menos leída. Algo que a todas luces no procede.

Frente a ello, la red se nos sigue presentando, paradójicamente, como ese instrumento intrínsecamente ligado a la destrucción de la cultura. Día sí y día también resulta difícil mantenerse ajeno a llamamientos a los cuatro vientos anunciando el Apocalipsis de la cultura musical, de la cultura cinematográfica e incluso de la cultura escrita por parte de distribuidoras y SGAEs de turno. En un intento por equiparar cultura del beneficio a esa otra cultura no necesitada de más adjetivos, a la cultura con mayúsculas, se nos impide ver el verdadero potencial que un instrumento como la red tiene en este ámbito y, sobre todo, el papel socializador que ésta puede llegar a desempeñar. Un concepto como el de creatividad en red, aplicado en estos tiempos sin descanso a ámbitos como el económico (es recurso común el ejemplo de trabajo en red llevado a cabo entre otros por Google con unos magníficos resultados económicos que han llegado a plantar cara al propio Bill Gates) o el político (no nos cansamos, o quizás sí, de escuchar los halagos a una campaña electoral participativa y en red que ha llevado al primer presidente negro a la Casa Blanca), no puede ni debe resistirse a ser unido a conceptos con los que se encuentra llamado a una simbiosis mucho más perfecta como pueden ser los de arte y cultura. 

Cierto es que, como ya apuntaba el gran Borges, la literatura no deja de ser otra cosa que un sueño dirigido. Sin embargo, nos atreveríamos a añadir que también se trata de un sueño compartido y aun incluso un sueño que puede llegar a ser colectivamente construido. Cada historia que cae en nuestras manos no deja de ser, es cierto, un sueño que transita por las líneas que su autor ha elegido como un tren lo haría sobre sus vías férreas. Ello no impide que aquellos que deciden embarcarse en dicho viaje - sea literario o sea ferroviario - compartan lo bello del mismo aun cuando adopten una posición de mero observador/lector. Sin embargo, la literatura tiene un componente mucho más creativo que cualquier otro viaje a la hora de hacer compartir ese sueño que materializa. Cada una de esas líneas funciona como un trampolín sobre el que coger impulso y dar rienda suelta a nuestra propia imaginación, proyectándonos no en pocas ocasiones hacia versiones personales de sueños propios y ajenos. Mientras hay lectores que se lanzan ávidos a la lectura de un texto con la mente puesta en ese final que les sorprenda, que les permita concluir que su viaje ha merecido la pena, otros prefieren transitar por esas mismas historias aferrándose a cada una de esas líneas que les permitan coger impulso hacia esos sueños propios o ajenos y, por qué no, incluso hacia su propia versión de cómo plasmarlos. De ahí que en el fondo se trate también de una creatividad colectiva. 

Así es como puede también entenderse este proyecto llamado Relatia que busca la mayor interactividad posible con sus amigos. Un proyecto respecto del que estaríamos encantados de poder hacer realidad el siguiente lema:

“Sólo se trata de que usted deje un poco de usted y se lleve un poco con usted.”

Por O. Abalde

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