En esa silla hay un pantalón vaquero con consciencia, experiencia e irreverencia. Un bluyín que fue comprado hace un par de días por una chica que vive sola en su piso, que va a recibir la visita de su novio, que va a salir de la ducha y que va a ponerse sus vaqueros. Para sentirse seductora, para sentirse seducida. El vaquero sabe que está en la silla de los elegidos, el vaquero sabe que hoy puede provocar tensión en el seno de la pareja. El vaquero piensa.
- Ha tardado dos días en sacarme del armario. Empezaba a pensar que me estaba marginando y eso no lo acepto. Se acabó la espera. Si estoy en esta silla es porque voy a gozar de rozar y de acompañar a mi nueva dueña. Me he pasado cuatro meses en aquella tienda, absteniéndome de la carne. Sintiendo la humillación de que me probaran y me rechazaran unas cuarenta veces. Cuatro meses sin formar parte de una persona, con todo lo que ello conlleva. Cuatro meses sin calzoncillos, sin bragas, sin tanga, sin cinturón, sin tirantes, sin humo, sin barro, sin sudor, sin bailes, sin achuchones, sin carreras, sin lluvia, sin sol, sin viento, sin hierba, sin arena, sin lavadora, sin jabón, sin agua, sin bancos, sin que me toquen bien tocado, sin cosas dentro de mis bolsillos, sin que me zurzan, sin familia, sin intercambios, sin secretos, sin complicidades. Cuatro meses sin ser el amante azul de nadie. Tengo que recuperar el tiempo perdido, hacerme con un nuevo aliado que no quiera abandonarme. Esta vez no me despegaré de la piel, esta vez no me ignorarán. Es la segunda oportunidad que tengo, si no poseo a nadie terminaré en la basura. ¡No!. ¡No quiero pensar en esa posibilidad!. Voy a dominar la situación, es el principio de una vida más radical. ¡Ahí viene!.
La chica sale del cuarto de baño en bragas y sujetador, se seca el pelo con una pequeña toalla y luego la tira al cesto de la ropa sucia. Falla la puntería y se le cae al suelo. Se agacha, la coge y la mete bien en el cesto. Entra en su cuarto y saca del armario una camiseta roja. Se la pone. Ahora hay que cubrir las piernas y ya ha elegido antes de entrar en la ducha lo que va a enfundarse. Ha llegado el momento de estrenar los vaqueros que se compró en aquella tienda de segunda mano. Unos vaqueros que le llamaron la atención en cuanto los vio, por su original diseño. La prenda luce tres bolsillos traseros, uno de tamaño normal para la nalga izquierda en forma octogonal y dos más pequeños en forma rectangular, situados uno encima del otro, para la nalga derecha. Cada pespunte es diferente en cada bolsillo, en total suman tres letras cosidas con hilo negro, que son las iniciales de la primera persona que se los compró, o sea, que fueron fabricados expresamente para aquella persona de la que la chica no sabe nada. Las letras son la E (en el bolsillo octogonal), la B (en el bolsillo rectangular superior) y la Z (en el bolsillo rectangular inferior). EBZ, las iniciales de su primer propietario o propietaria. Por delante no tienen ningún rasgo que los diferencie de cualquier otro tejano, es la parte del culo lo que se quiso personalizar. Son unos vaqueros ajados, con algunos petachos que corroboran que han sido muy usados, que han vivido intensamente, por así decirlo. Ahora ella espera poder disfrutarlos durante bastante tiempo, porque los vaqueros cuanto más desgastados están más interesantes resultan. La chica los coge y se los pone. Le quedan ajustados, así resaltan más sus curvas. Está fenomenal. El vaquero, también. Asume de nuevo su condición en plenitud.
- ¡Qué gozada!. Cómo me sienta tu carne, nena, hasta arriba, ¡sí!. Átame los botones, ¡así!. Tócame, tócame. Te gusto, ¿eh? (Tocan el timbre de la puerta. Mientras la chica camina hacia la puerta, él se emociona). ¡Estoy andando de nuevo!, ¡lo estoy haciendo!.
La chica abre la puerta. Es su novio. Se besan. Van hacia la sala. Como ella va por delante de él, él se fija en lo que lleva puesto. En esa porción de la anatomía tan rotunda y sugerente embutida en denim,en ese tejido tan querido para la vista y el tacto.
- ¿Te gustan mis nuevos vaqueros?.
-¡Sí!.¡Mucho!. Quédate quieta un instante.
Eso, que se quede quieta. Para que el novio pueda ponerse en cuclillas y se acerque a escasos centímetros del culo, que lo quiere observar al detalle. No conoce esta marca, los bolsillos son raros pero le dan un aspecto único. El novio se queda impresionado con la prenda, no aparta la vista del culo azul. Le fascina lo de dentro, pero lo de fuera le está resultando irresistible. Y además nota algo insólito. Percibe unos pensamientos.
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