- Sigue mirándome, tío. Soy lo que necesitas. Pasa de tu chica y relaciónate conmigo. Hace tiempo que no hago el amor. Ven a mimarme, a menearme, a manosearme, a marearme, a morrearme. ¡Venga, cuerpo!. Esa boca, esa lengua, esas manos… ¡las quiero sentir!.
Parece que el vaquero habla. En vez de usar fonemas, usa la telepatía. ¡No puede ser!. ¿De qué extraña sugestión está siendo objeto?. ¿Por qué no quiere reprimir sus impulsos?.
- ¿Qué pasa que miras tanto?, ¿tengo alguna mancha en el pantalón?.
- ¡No!. No es eso. Quiero… quiero hacerte algo y creo que te va a gustar.
- ¡Vale!. Si me va a gustar… ¿sigo dándote la espalda?.
- ¡Sí!.
El novio se arrodilla para estar más cómodo frente a ese vaquero que le incita y le excita. La chica sonríe. ¿Un nuevo juego erótico?. Está dispuesta a probarlo. Nunca le han besado el culo y se supone que es eso lo que va a hacer. Y , sí, el novio le besa el culo. Sus labios dan placer a dos sensibilidades dispares. Reparte los besos por los cuatro puntos cardinales de ese micromundo que representa el trasero de la amada a la que no pretende ser infiel, aunque hoy tenga encaminados sus sentidos en complacer a un pantalón vaquero. Así como suena. Los besos no son suficientes para aplacar la lascivia del novio, por eso saca la lengua y lame el culo azul, por eso usa las manos para masajear los glúteos azules y luego las mete en los bolsillos para reforzar el contacto. La chica está disfrutando pero, pasado un rato, ya no quiere más babas en su más reciente adquisición.
- Lo estoy pasando bien, pero me estás dejando el pantalón húmedo. Vamos a la cama o a la calle. Estas marranadas para otros… nosotros somos una pareja vulgar. ¡Párate ya!.
- ¡La vulgar es ella!. ¡Ni caso!. ¡Lo que estoy gozando!. Siénteme más cerca aún, ¡pídele que te enculone!.
La chica se separa de él, dejándole con ganas de más. Se seca las babas con un pañuelo y se sienta en el sofá. El novio aún permanece de rodillas, arrebatado por la magia del momento.
- ¡Pareces alterado!. ¿Qué te pasa?.
Resopla y responde.
- No puedo racionar ni racionalizar lo que me pasa.
- ¡Vaya !. Mira, no ha estado mal lo que me has hecho pero prefiero probar lo de siempre. ¿Vale?.
- Enculóname.
- ¿Qué?.
- Enculóname, nena, ¡enculóname!.
- ¿Qué me quieres decir?. ¡No te entiendo!.
- Pon tu culo sobre mi cara.
- ¡Qué fuerte!. ¡Estás perdido!, ¡encuéntrate!, ¡encuéntrate!.
- Me voy a encontrar, nena. Te lo juro. Pero antes, enculóname. ¡Con dos minutos me basta!.
- ¡Déjame tranquila!.
La chica se levanta bruscamente del sofá y se dirige a paso ligero hacia su habitación, echándole una mirada recriminatoria a su novio. Éste se pone de pie y trata de apaciguarla.
- Vamos, cariño. ¡No montes una escena!.
- ¡La escena la quieres montar tú!. Vete a tu casa. ¡Ya quedaremos otro día!.
El novio la sigue hasta casi meterse con ella en el armario.
- ¿Qué vas a hacer?.
- Me voy a cambiar de ropa.
- ¡No!. ¡No te quites los vaqueros!.
- ¡Sí me quito los vaqueros!. ¡Me los vas a estropear!.
La chica se desata los botones y empieza a bajarse los pantalones, el novio se los sujeta tirando de las trabillas para arriba. Recibe una bofetada.
- ¡Déjate los vaqueros puestos!. ¡Esto es muy importante para mí!.
- ¿Qué es muy importante?. ¿Morir asfixiado bajo mi culo?.
- Eso no va a suceder.
- ¿Que no mueras asfixiado pero la falta momentánea de oxígeno en el cerebro te deje como un vegetal?.
- Eso no creo que suceda.
- ¿Que no quedes vegetal pero sí mareado crónico porque jodo tus cervicales?.
- Espero que eso no suceda.
- ¿Pero para qué quieres que te haga eso?.
-Es que tiene que ser una experiencia alucinante.
- ¡No seas un degenerado!.
- ¡No te pongas extremista!.
- ¡No te pongas extremista tú!.
- Sólo te pido que me enculones una vez.
- ¡No quiero!.
- ¡Sólo una vez!.
- ¿Sólo una vez?.
- Sólo una vez.
- ¿Te quedarás satisfecho y te olvidarás de volver a probar esta experiencia alucinante? .
- Te lo prometo.
- ¿Y luego te encontrarás?.
- Me encontraré.
- ¿Y por qué tengo que hacerlo con los vaqueros?. Mejor te enculono desnuda, así puedes meter la nariz en la raja .Ahí dentro quizá se pueda respirar.
- ¡Oh, no!. Los vaqueros me encantan. Y lo de meter la nariz en tu ano… ¿no crees que te puede doler?.
- ¡Para algo eres chato!.
- Es que deseo que me enculones con los vaqueros puestos. Puro fetichismo.
- No sabía que eres fetichista.
- Lo soy, nena, y hoy más que nunca.
- ¡Está bien!. Hagámoslo cuanto antes. Antes de que nos arrepintamos.
- Yo no me voy a arrepentir.
- ¿Cómo te enculono?.
- Tú te tumbas sobre mí y mi cabeza se queda entre el suelo y tu culo.
- ¿No hay alguna manera más suave de hacerlo?.
-Sí, pero si sólo voy a ser enculonado una vez quiero extraer la máxima potencia al acto.
- Todo sea porque no te quedes con las ganas. Coge un cojín, la nuca te lo agradecerá.
- Gracias, cariño.
- Volvamos a la sala. Lo haremos sobre la alfombra.
Primero está la alfombra. Sobre la alfombra, el cojín y, sobre el cojín, la cabeza del novio. El novio está tumbado boca arriba y arriba ha de ponerse su chica. Su chica quiere afinar mejor la puntería. El culo no tiene ojos, así que ha de ser precisa, sus nalgas deben colocarse exactamente sobre el rostro de su novio, que le indica:”Un poco más abajo, un poco más arriba, un poco a la izquierda, un poco a la derecha, ¡ahí!, ¡justo ahí!. Pósate y déjame a oscuras”.
Comments are closed.