Botremoche es un maduro artesano que restaura y remienda aquello que hace más felices a los niños: sus juguetes favoritos. Su bella labor incentiva su inventiva y le vuelve más receptivo a la leyenda que emanan los objetos que rebosan sus estantes. Hoy hay una despedida en su abarrotado taller y en el resto del alborotado mundo. Hoy llega una joven mujer con una caja de cartón bajo el brazo. Se llama Repollo. Y en la caja lleva a Jipilín. Botremoche la atiende.
- ¡Buenas tardes!. Cuéntame un sueño y lo haré realidad.
- ¿De veras?. ¡No sabes lo dichosa que me harías!.
- Ya te lo he dicho, aunque es una mera frase de bienvenida. Para que confíes en mi trabajo.
- Entonces no crees que puedes hacer mi sueño realidad.
- Depende de la realidad.
- La realidad es que me gusta la irrealidad.
- A mí, también. ¿Cómo te llamas?.
- Me llamo Repollo.
- ¿Te lo pusiste por las muñecas?
- ¡Sí!, ¡son tan curiosas!.
- Sobre todo por lo que no se ve de ellas..
- Pero lo que no se ve,¡no se ve!.
- Todo se puede ver con imaginación. No suelo escoger lo obvio.
- Por eso he venido aquí. Por tu imaginación. Y por tu conocimiento de los muñecos.
- Los muñecos no tienen secretos para mí.
- ¿Se te confiesan?.
- Se me confiesan y los absuelvo. Son muy buenos.
- ¿Y qué pecados cometen?.
- Depende del material con que los hayan fabricado. Hay pecados de hojalata, de madera, de porcelana, de trapo, de plástico, de lana…
- Son como pecados carnales, ¿no?.
- Sí. Los muñecos también tienen vida erótica. El Creador de la Imaginación quiso hacerlos diferentes pero no inferiores a los seres humanos.
- ¿El Creador de la Imaginación?, ¿quién es?.
- Es el único Dios en el que creo.
- ¿El que te da los poderes mágicos?.
- Bueno, irrealmente tengo muchos poderes como el de ser testigo de que los muñecos viven. Pero realmente el único poder que tengo es el de reparar juguetes rotos y devolverles la sonrisa a unos cuantos críos. Que no es poco.
- ¿Ahora vamos a hablar en la realidad?.
- Unas cuantas frases. Necesito centrarme en lo que vas a pedirme.
- Te voy a enseñar lo que traigo en la caja.
- ¡A ver!.
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