- Oye Roger, ¿… esto?
- Sí. Esto.
Me dieron ganas de reír como nunca hasta entonces lo había hecho, reír hasta que me saltara la lengua y se me extraviaran las pupilas fuera de sus órbitas.
- Sí…
Sudaba, hacía un calor insoportable, pero no me importaba, me sentía bien y estoy seguro que aquella noche hubiera sido el más insensible de los mortales. Segurísimo.
…/…
El silencio se hizo denso, tanto que uno podía bucear en él y las palabras, en caso de producirse, daban la sensación de poder incrustarse en el mismo sin posibilidad de llegar a ser escuchadas.
- Roger…
Retumbó por un momento. Cerré los ojos y negué con la cabeza. Seguía sonriéndome, la risa se había apagado cediendo un lugar de preferencia a una amplia y burlona sonrisa.
- ¿Sabes que eres un cabrón?
No respondí. Le dirigí una mirada, mi pupila brilló en la oscuridad de la noche. Me pasé una mano por el rostro, di un par de pasos. Me ví a mí mismo y no pude el evitar una exclamación que resonó mucho más allá de los callejones.
- ¡Y un perdido hijo de puta por tu culpa!
Miré el suelo. Me quedaba cada vez menos.
- Roger…
Sentí los latidos de mi corazón, crucé los brazos, le di una patada a una piedra. Pensé que estaba ya todo decidido, cada movimiento definido antes de ser concretizado en una acción, toda acción planificada hasta convertirse en un hecho. Todos los hechos, de alguna manera terminan por ser deplorables, y esta no era una excepción.
- Vamos -dije.
Me faltaba tanto convencimiento como valor. No miré atrás. Temía tal vez convertirme en estatua de sal, o el orgullo me lo impedía, o una incipiente cruel sensación de… no sé.
- Roger…
Comprendí que se trataba de una noche de brea.
- Sí, eso es…
- ¿Qué dices?
- Nada…
Me perdí entre puntos suspensivos…
Por Benito
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