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Narrativa

Una pareja discordante

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» Estás en el número 1 de 3 de la serie El Bazar Zumbón.

Ambos están pasando un mal rato. Hasta la aguja deja de pinchar el acetato.

- La música ha dejado de sonar. Es lo que mantiene nuestra relación. ¡Pon un disco!

Eluska va a ensayar un fuera de juego. No quiere que Taño le meta un gol.

- Pásame el de la Orquesta Mondragón.

Taño recupera la alegría. Finalmente llegará a entenderse con ella. Coge el disco y se lo da.

- ¡Toma!. Escuchemos con atención a Javier Gurruchaga ,cantará algo  para nosotros.
- Sus canciones nos señalarán el camino.
- Muy bien, Eluska. ¡Me vas comprendiendo! 

Iluso Taño. En vez de poner el disco en el tocadiscos, corre hacia el dormitorio. Taño le persigue temiendo un ardid malintencionado. Ella para ganar segundos le dice “ciérrame esa puerta” y el inocente de él le obedece, momento que ella aprovecha para arrojar el disco a la calle y momento que  propicia que la decepción estalle.

- ¡La muñeca se deshinchó!. ¡Ya no tenemos los mismos discos!. ¡Se acabaron las coincidencias!
- ¿Qué has hecho?. ¡Has destrozado una conjunción!, ¡has malogrado una relación!, ¡has arrancado una ilusión!
- ¡He evitado una manipulación!, ¡he apartado una presión!, ¡he generado una protección!
- No sabes lo que vas a perder.
- No sabes lo que voy a ganar.
- Te hubiese dado mimos todas las noches.
- Te hubiese dado collejas todas las noches.
- Me das pena.
- Me das asco.
- Bueno, pues no me das pena.
- Bueno, pues me sigues dando asco.
- Me desvecino de ti.
- Desvecínate.
- Ya puedes pedirme sal, que no te  daré.
- Por cierto, ¿me das una pizca de sal?
- ¡Oh, sí!. ¡Bajo enseguida y te la traigo!
- ¡Sal! 

Taño se engaña pretendiendo avivar algo que se extingue. Está ante su último intento de enlazarse con Eluska. Aún no se rinde. Le ha dicho alguna que otra verdad a la cara, pero ya dice el dicho que de las crisis se sale fortalecido. Entra en su casa, busca una orquesta, la encuentra, echa sal en un vaso y sube veloz a recibir un achuchón o una coz.

- ¡Mira lo que traigo aquí!, ¡es otra señal!, ¡ni se ha roto ni lo han robado!, ¡es maravilloso!. ¡Pon la de “El hombre de los caramelos”!

Taño, majo, ¡que no es tan ingenua como tú!.

- ¿Cómo dices?,  ¿”El hombre de los camelos”?
- ¡Qué indirectas me lanzas!
- Yo te lanzo hasta los discos
- ¡Sí!. Pero éste lo he recuperado.
- ¿Y si ha caído a la calle por qué no se ha ensuciado de heces perrunas?
- Bueno, las heces… a veces.
- Alguna concesión te  mereces.
- ¡Sí!. ¡Pon el disco y bailemos!.
- ¡Está bien!. Acepto tu petición… en parte. Pero con una condición.
- ¡La que sea!.
- Si quieres bailar conmigo tienes que echarte sal en la cabeza.
- ¿En parte?.
- No, en total.

¿Para eso quería la sal?. Mejor no contrariarle cuando el anhelado premio está al alcance, que no se detenga ahora este accidentado cortejo, que avance. Él se sazona convenientemente y entonces ella le espeta( porque no le respeta):

- ¿Pero cómo voy a bailar con un tipo que tiene la cabeza llena de sal?. ¡Hala!, ¡vete a tu casa a lavarte el pelo!. ¡Cochino!

Golpe duro. Taño se siente más insignificante que nunca. Eluska le está manejando como una marioneta. Es un pelele para ella, no importa cuánto trate de agradarla, siempre le intentará humillar. Es una sádica que no se compadece de él. Todas las ganas que había puesto en este encuentro se las ha tomado ella a burla. Ahora sólo quiere irse de allí cuanto antes. Eluska cree ver lágrimas en sus ojos.

- ¡Espera, Taño!, ¡no te vayas así!.

Sí, son lágrimas. Eluska le abraza y el pobre se desmorona entre sollozos. Ella le consuela.

- ¡Ay, Taño!. Si hubiera aceptado desde el principio que estabas tan escaso de caso, no hubiera sido tan tajante.
- Eres actriz, ¿no?, ¡pues interpreta a una chica cariñosa!.
- Ahora no estoy actuando, estoy siendo yo.
- Entonces, ¿no me desprecias?
- ¡Claro que no!. Pero no puedes ser tan incordiante ni ir tan precipitado la primera vez que estás con una persona.
- Es que los discos…
- He tirado un disco y te has vuelto arisco. Tienes que aprender a darle a cada cosa su importancia real.
- Eso es relativo.
- No seas negativo.
- Quiero ser tu amigo.
- Eso es razonable. Sí, puedes ser mi amigo.
- ¿No me vas a dejar solo?
- No te voy a dejar solo.
- ¿Podré pintarte?
- ¡Bien!. Ya seré tu musa.
- ¡Qué buena eres!
- Ya lo sé.

Taño no se despega de Eluska. Aunque ha sido una liada, ha encontrado una aliada. Ha sido patético, pero al final lo ha conseguido. Ahora tendrá que poner unos cimientos más sólidos a esta estrenada amistad. Las personas dan lástima por breve tiempo y él siempre ha tenido el defecto de cansar a la gente. Es débil, está atravesando una mala racha y necesita que le quieran. ¡Ánimo, chaval!

Por Imanol Otero

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