Tú, sin querer, de repente,
abriste mi corazón.
Salió todo, te esperaba,
sentimientos y emoción.
Me hechizaste con tu magia,
de colores, pasional.
¡Cuanto me alegro, qué suerte!
Felicidad sin igual…
Cuando me miras, yo siento
que me invades poco a poco
hasta llegar a mi alma,
¡Que sorpresa!, ¡qué sofoco!
Tu manantial de ternura
me hace vibrar día a día.
Y tus besos me transportan
hacia el sol, ¡hay que alegría!
Eres como un vendaval,
que sacude mis sentidos.
Y con una fuerza tal…
siento que he enloquecido.
Y yo estallo, de repente,
en un mundo de pasiones.
Acaricias mi deseo,
qué dulzura, ¿qué propones?
Quisiera ser yo la sangre
que envuelves tú con tu vida.
La inmensidad de tus ojos
y el jardín de tu alegría.
Instalarme aquí en tu pecho,
de por vida y sin remedio.
Y para siempre quedarme,
sumergida en tu silencio.
Por Mª José Martínez
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