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Número 2

Cronopios y sirenas

* Finalista del I Certamen Relatia

Salta, tu, sí, quien estás leyendo esto. Salta de donde estés y vuelve. ¿Qué ocurre? ¿No puedes saltar o no quieres saltar? Bueno, es de tu elección hacerlo o no. ¡Yo sí que voy a saltar! Alehop!!

Ya estoy aquí de nuevo. ¿No sientes la felicidad de hacer algo que no habías previsto antes de empezar a leer esto? Quizás estés acostumbrada a hacer estas cosas a diario. Anda! Te he considerado que eres una mujer…¿por qué no he planteado que fueras un hombre? No lo sé, mi cabeza suele dar bandazos de un lugar a otro, y tan pronto te puedo considerar un hombre como una mujer.

Claro está, yo soy un personaje imaginario, pero tú, quien estás leyendo esto ahora puedo afirmar que eres un ser de lo más real. Al menos sigues leyendo esto.

Y después de esta introducción, quizás te preguntes por qué estoy intentando hacerte saltar…También te podría haber dicho que cerraras los ojos y pensaras en un elefante rosa….ahhhhhh!!! ¿A que has pensado en ello? Estás pensando en un elefante rosa, jejejeje.

Bueno, quizás haya quienes leéis esto que bien sabéis que no existen elefantes rosas. Pues en mi vida, elefantes rosas no hay pero sí que un delfín de sal, una Perla Negra y un peregrino.

¿Y quien soy yo entre esos personajes? Pues ninguno :p. Anda, sí he utilizado un emoticono…¿esto es un elemento lógico en un texto? Bueno, xD. Ya sé, hay gente que no comprendéis este lenguaje de símbolos, pero hay otros que sí, ¿a que es simpático encontrárselo en un texto formalmente serio? A mi me gusta. Tiene sentido. Lo cierto es que tiene todo sentido…¿o no?

Ciertamente, una lágrima me cae ahora del pie izquierdo. Bueno, perdonad pero mi pie izquierdo es mi hoja derecha, y mi ojo derecho quien mira lo que hace mi mano izquierda. Y mi mano izquierda es la que está escribiéndote cada carácter que mi ojo derecho guía en la hoja que está a la derecha de mi pie izquierdo. Esto es un poco lioso…y todavía no he hablado qué relación tiene la lágrima con los personajes de mi vida.

Espera, para un momento la lectura…¿Has oído ese sonido? Sí, esa música que se acerca a lo lejos…”qué alegres son las obreras, bailemos con ellas”. Me pone feliz. ¿De quien es la canción? Sí que me acuerdo, es esa canción de Victor Jara. Pobre hombre, que le torturaran por cantar canciones como ésta. Y yo aún no había nacido. Me pongo triste y la lágrima que se había caído al suelo vuelve a mi mano a través del dedo que se ha acercado a mi ojo.

Me he puesto melancólico, Alfonsina y el mar me acompañan en mi pesar. El atardecer ya pasó y la noche ha hecho presencia con la fragancia a sal de mi cuerpo. Me he estado bañando en la playa de los recuerdos donde las estrellas del cielo son mujeres que estuvieron a mi lado. Veo una azul y otra roja. Hay otras de múltiples colores, pero su calidez no me recuerda al sueño que tuve antes de encontrarte a ti. La azul si quieres, te la puedes imaginar como el delfín de sal y la roja como a la Perla Negra, o la inversa.

Los encontré sumergiéndome en el océano de la causalidad. Iba tras la pista que me había dejado el peregrino. Sus huellas eran marcas de arco iris y dibujos escritos con purpurina. Y en el país de la imaginación, el rastro no lo podía perder. Si no, me podría quedar embelesado con los cantos de sirena de la Odisea o con los cronopios de Cortázar. Aunque sinceramente, sin que me oiga nadie más, (ojo, mira a los lados que no esté leyendo nadie más esto…¿Me has hecho caso? ¿Sí? Confío en ti. Al menos, si no fuera por ti, nadie leería esto…) prefiero los míos aunque me guste jugar a la rayuela y tomar mate.

Volviendo a mis dos estrellas…(Esto de ser procrastinado tiene sus riesgos). Cada una tenía unos encantos que me abrieron de nuevo los ojos al amor después de haber esta sumergido durante un tiempo en el bosque de la razón y la lógica. Pero mi intuición me decía que debía seguir buscando y por ello me encuentro ante ti.

Ya sabes entonces por qué te estoy hablando, por qué mis palabras resultan tan caóticas y por qué me he dirigido a ti con tanta franqueza. Eres alguien que ya me conoce. Y sólo por esa razón te tengo en mi pedestal. Me has leído sin esperar nada a cambio, sólo has ocupado un poco de tu tiempo. Gracias amiga.

Me puedo entonces ir a descansar de mi efímera existencia. Volveré a resurgir cuando el peregrino vuelva a entrar al terreno de la creatividad y la imaginación. Hasta entonces, parafraseando al Gran Wyoming: la próxima vez “…más pero no mejor, porque es imposible” ;-).

Por Zisolda

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