No he sufrido nunca una pena que una hora de lectura no me haya quitado.
Charles de Montesquieu
Los recientes acontecimientos acaecidos en Haití han sacudido la conciencia del conjunto de la Comunidad internacional que ve con angustia la deseperación de un pueblo, ya de por sí acostumbrado a que el sufrimiento forme parte de su vida diaria, que nuevamente se ve enfrentado a una tragedia de la que dificilmente puede resguardarse al cobijo de esa hora de lectura en la que Montesquieu encontraba escape a sus penas. Sin embargo, desde esta revista consideramos que la literatura no puede ni debe disociarse de este drama y menos, si cabe, de la realidad actual y pasada de un pueblo como el haitiano.
Muchos son los factores que se dice confluyen en los grandes hitos de la literatura, piénsese en cualquier Edad de Oro de las diversas literaturas del mundo, por ejemplo los Siglos de Oro de la literatura española. Haití es acreedora de, al menos, dos de esos factores: una historia convulsa, germen de una literatura viva, descarnada, vehículo de todos esos sentimientos desgarrados que buscan una forma de salir al exterior y que encuentran en la literatura, el arte o la música la más adecuada de las maneras de ser expresadas, y ser un punto de encuentro de diferentes culturas, notablemente la francesa y la creol, pero quizás también en menor medida la hispánica.
Estos elementos encuentran en Haití una expresión singular heredada de la forma en que se entrelazan sobre ese territorio marcado por la exigüidad tanto geográfica, como demográfica y económica. La frontera entre las dos lenguas principales no es geográfica sino social. El creol exponente de la cultura popular es el cauce de unos sentimientos ligados al pueblo, a los campesinos. El francés, lengua de las clases altas es el exponente de la cultura refinada francesa. Y, en medio de ambas, una misma historia marcada por la convulsión que, como no podía ser de otra manera, ha encontrado reflejo desigual, tanto en el sentir de ambas comunidades como en su expresión, y que ha dado como fruto una literatura a medio camino entre la militancia y la belleza a partes iguales.
La Revista Relatia muestra la relación del individuo con su entorno, sueña con mostrar al ser con su palabra, al individuo con su mundo, al creador con su fantasía. Es una puerta al árbol de la imaginación y la creatividad tras la cual se abre el corazón latente de quien ama la escritura.